De pueblos y cadenas (humanas, demasiado humanas…)

“Hoy el ciudadano ya no es un hombre libre. El ciudadano ha dejado de ser el hombre libre que quiere vivir en una comunidad libre. La conciencia política que no se enseña sino que se conquista, ha desaparecido paulatinamente. No podía ser de otra manera. El espacio público se ha convertido en una calle llena de tiendas abiertas a todas horas, en un programa de televisión en el que un imbécil nos cuenta detalladamente por qué se separó de su mujer. La escuela, por su parte, no tiene que promover conciencia crítica alguna sino el mero aprendizaje de conductas ciudadanas “correctas”, variaciones de una pretendida “educación para la ciudadanía”. Las luchas políticas parecen asimismo haber desaparecido de un mundo en el que ya sólo hay víctimas de catástrofes diversas (económicas, ambientales, naturales…). Y, sin embargo, cuando los políticos se dirigen a nosotros, cuando se llenan la boca con sus llamadas a la participación, siguen llamándonos ciudadanos. ¿Por qué? ¿Por qué se mantiene una palabra que, poco a poco, se ha vaciado de toda fuerza política?”

Santiago López Petit – Espai en Blanc
¿Y si dejamos de ser ciudadanos?

Querid@s viacatalan@s,

Enhorabuena por el gesto del pasado día 11. Un triunfo y una demostración de intenciones de todos los que exigís el derecho-a-decidir/independencia.

Un gesto que tiene su origen sin ninguna duda en un sentimiento colectivo de buena parte de la población de Catalunya (sin olvidar, sin embargo, que este sentimiento ganó muchos adeptos a partir de la crisis del 2008, y que ha sido el malestar, la frustración y sentimientos por el estilo los que han estimulado a mucha gente a convertirse de catalanes en viacatalanes…). Ahora bien, este ha sido un gesto empujado al triunfo con toda la maquinaria propagandística de las instituciones catalanas y españolas, con toda la fuerza mediática e institucional posible, hasta la náusea repetitiva característica de la propaganda (sí, sí: propaganda; aunque a diferencia de los años 30 del siglo pasado la que tenemos que soportar hoy en día sea una propaganda de carácter posmoderno).

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De modo que, sí: enhorabuena a los viacatalanes y a las viacatalanas. Habéis apoyado libre y masivamente las consignas de los prohombres y promujeres de la protopatria realmente existente, habéis manifestado claramente y alegremente lo que tenéis en mente. La pregunta que se me ocurre es: ¿eso hace a un pueblo? Es decir: ¿hay alguna cosa más que el seguimiento de la voluntat institucional y social, simplista e irreflexiva, de tener un estado propio?

Me parece que no…

Y sin embargo, ¡oye, no nos desanimemos! Ya que tenéis empuje, ¿por qué no lo aprovechamos colectivamente? En lugar de exigir entelequias políticas abstractas (ἐντελέχεια) o, mejor dicho (¿quién soy yo para deciros qué no debéis exigir, cierto?): además de exigir entelequias de unidad de destino posmoderno en lo universal, ¿por qué no aprovechamos el movimiento nacional (catalán, claro) para exigir cuestiones más prácticas?

Qué pueblo más brillante, orgulloso y echaopalante no sería éste si en lugar de unos pocos activistas de la PAH, las autoridades se encontraran con miles de personas cada vez que deshaucian a alguien sin recursos; o si tuviera lugar una manifestación de decenas o centenares de miles de personas cada vez que se cierra un quirófano o un servicio sanitario. Qué pueblo no sería éste si se declarara en huelga indefinida y hubiera adoptado la desobediencia civil o la revolución “Ghandi fashion” para no tener que comprar a un mínimo del 6% su propio dinero vendido a bancos i fondos de inversión a menos del 1%; o si hubiera enfrentado con valentía y determinación las guerras de Afganistan, Irak, Libia i las que vendrán como la de Siria y la más que probable de Irán, en lugar de ir de manifiestación y hablar de ello fogosamente un par de días, y hala, tira p’alante, “quesloquehay”…

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Vaya, que si me encontrara con un pueblo como el del párrafo anterior, incluso yo mismo quizá sufriría unos intensos deseos de unirme incondicionalmente a una tal tribu… Fuerte, determinada, generosa, esforzada: libre. (EspaiEnBlanc – El orden político del Estado).

Y sin embargo me encuentro con una voluntad coincidente cuyo carácter determinante podríamos calificar de ἰδιώτης, el término que usaban los antiguos griegos para designar aquellas personas que no participaban activamente en la discusión de los temas públicos que les afectaban. De este término arcaico se ha evolucionado hasta el significado actual de ‘idiota’, que obviamente no es el que se aplica aquí. (Wikipedia – Idiota).

¿Quiero decir con eso que no nos afecta el tener o no tener un estado propio?

Es obvio que nos afecta. Pero también es obvio que no es lo determinante. Con la actual configuración sociocultural del pueblo viacatalán, lo que se va a obtener será un estado propio reflejo prístino de los estados-nación realmente existentes: el estado ViaCatalà será un estado mimético del Español, Francés, Alemán, o de cualquiera que sea el modelo que se escoja para las nuevas “estructuras de estado”… Con un pueblo brillante, orgulloso y echaopalante, un pueblo que se determine por sus propias acciones i no por su forma estructural, desde el pueblo, y no desde las instituciones, se podría crear un estado propio distinto. Con un pueblo seguidor de las consignas del estado-nación tradicional, no se obtendrá otra cosa que la misma mierda de la que se quiere huir.
(Nota: aquí hay que hacer un enorme esfuerzo con la imaginación y suponer que yo me creo que hay algo como un “pueblo” realmente existente, algún tipo de encarnación protoplasmática del concepto romántico de “pueblo” del XVIII, que, entre otras bellas derivaciones nos ha llevado al nazismo y también, sin querer establecer demasiadas correspondencias, al nacionalismo realmente existente…).

Pero bueno, hagamos un ejercicio de optimismo y supongamos que sí, que se obtiene un Estado-Nación propio. Enhorabuena, viacatalanes, ya sois Estado-Nación, ya tenéis Free Catalonia Forever!

Ah, bueno. ¿Y ahora? ¡¡¡¡Uy ahora!!!! Ahora viene…

Ahora hagamos un ejercicio de realismo, y hay que decirlo claro: ahora os encontráis con un Estado-Nacion entre manos que no se puede sostener. Con toda su crudeza: no se puede. Lo más probable es que en las próximas dos decenas de años desaparezca toda la civilización basada en el crecimiento que ha dado forma a la sociedad occidental del siglo XX y de principios del XXI. Tenéis un estado que se está desvaneciendo, como la arena de playa que se escurre de las manos que aprietan para aprisionarla. (CrashOil – La descomposición de los estados).

No os preocupeis. Vuestros líderes, los políticos también, pero por encima de todo los financieros y empresariales, ya han hecho sus cuentas. Ya saben que debido al pico de producción de la energía, al cambio climático y a todo lo que comportarà (hambrunas, escasez de medicamentos, de distribución, de transportes, etc.), lo más probable es que muera el 20% de la población mundial. Y por eso han decidido seguir con su BAU (“business as usual”, es decir: seguir con los negocios como si nada pasara…). Y, por supuesto, los que ya no disponen de energía, de medicamentos, de suficiente comida, sufrirán como siempre y un poco más, pero aquellos que están acostumbrados a consumir brutalidades de enrgía, de alimentos, de materiales y de medicamentos…

Crude_Oil_Production

Veamos, el petróleo no se acaba. Ahora bien, la energía barata que nos aporta el petróleo (el 97% del total de la energía que se consume en el planeta) ya se ha terminado. Y no es solamente que sea más caro porque crece la demanda, que sí. Es que se obtiene menos petróleo, porque los pozos se agotan, porque el que queda es más difícil de extraer, y porque ya hay muy pocos descubrimientos de nuevos yacimientos (con promesas de miles de millones de barriles de producción que apenas cubren la demanda de algunos meses al ritmo de consumo actual). Y, además de todo eso, el que se obtiene tiene una tasa de retorno energético (TRE) muy inferior (y la que se obtiene del fracking es ridícula, cuando no directamente criminal); lo que significa que cada vez se obtiene menos energía respecto del esfuerzo que hay que aplicar para conseguirla. A medida que el tiempo transcurre, el petróleo es de menor calidad y nos proporciona menos energía: cada vez necesitamos más cantidad para obtener la misma energía.

No se puede sustituir el 97% de la energía mundial que nos ofrece el petróleo con energías alternativas. En primer lugar porque dedicando todos los recursos disponibles (economía de guerra), tardaríamos 30 años en conseguirlo. En segundo lugar, porque se necesita la energía del petróleo y sus productos derivados para realizar esta sustitución (construcción, traslado y ensamblaje de molinos de viento, placas solares, etc.), y ya no disponemos de tantos recursos. Y en tercer lugar, porque la TRE de las energías renovables es muy inferior a la del petróleo.

TV3, Singulars, con Antonio Turiel, subtítulos en castellano

Así que ya tenéis un Estado-Nación-Entelequia-Desfalleciente… Que no podéis pagar ni sostener materialmente. (CrashOil – Esta crisis económica no acabará nunca).

¡Enhorabuena!

Pero…

¿No hubiera sido mejor pensar en ello un poco más… libremente? ¿Establecer las prioridades? ¿Dirigir adecuadamente los esfuerzos? ¿Recuperar los movimientos sociales antes que los institucionales? ¿Generar en lugar de responder-a?

Ni Dios, ni Patria, ni Amo..

¡Salud!

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